sábado, 10 de septiembre de 2016


Pariente, primera película colombiana presentada en Toronto

Orlando Mora

Luego del discreto 2016 del cine colombiano en Cannes, salvado apenas por la aparición de un nuevo cortometraje de Simòn Mesa, quedan Toronto y San Sebastiàn, los dos grandes festivales del otoño,  para medir la cosecha que al final nos dejarà el año, luego de un 2015 casi irrepetible con las cimas de El abrazo de la serpiente y La tierra y la sombra.

Si bien ni siquiera cinematografías màs importantes en historia y número de pelìculas logran cada año puntos altos de calidad, el entusiasmo casi folclórico de los colombianos nos lleva a exigir cosas que no se dan en ningún lado. Baste recordar que solo un filme de latinoamèrica apareció este año en Cannes, la brasilera Aquarius, sin que países fuertes en cine como Argentina, Brasil o Mèxico llamen a luto por esa circunstancia.

En Toronto este 2016 cuenta con una participación colombiana notable. El solo regreso de Vìctor Gaviria a la vitrina  de los festivales con el estreno mundial de La mujer del animal es ya un hecho a destacar, acompañado de otros dos filmes esperados con buenas ilusiones: Pariente de Ivàn Gaona y X Quinientos de Juàn Andrès Arango.

Ayer viernes se dio el primer pase de público de Pariente, un filme que confirma las buenas maneras de director que ya se prefiguraban en los cortometrajes de Ivàn Gaona. El tema de la violencia en el país, un asunto con el que seguramente cargarà el cine nacional como una losa durante muchos años, se mira esta vez en un momento histórico concreto, cuando los paramilitares se estaban desmovilizando a comienzos de este siglo, sin que esos acuerdos significaràn ni mucho menos su eliminación o desaparición.

En una opera prima puede darse la plenitud casi fortuita del que apenas inicia o los indicios de que se està en presencia de un verdadero realizador. A veces casi que confìo màs en los segundos, que no tendrán que enfrentarse al éxito desmedido de una primera película , que bien puede amenazar o arruinar el resto de su carrera.

En Ivàn Gaona hay un verdadero director. Posee lo màs difícil que es un sentido de la narración y de su tiempo interno, algo que aparece visible en algunas de las escenas de Pariente. Las reservas tienen que ver màs con algunas fisuras en el armado y de momentos de actuación menos logrados, pero nada suficiente para arruinar el buen sabor que nos deja la película.


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