jueves, 27 de octubre de 2016

Semana de Cine de Valladolid: apuestas contra el jurado
Orlando Mora

A medida que pasan las películas a concurso en un festival, uno tiende inconscientemente  a jugar apuestas contra el jurado.  Así  van surgiendo los títulos favoritos, los que con demasiada frecuencia quedan en nada, dada la variedad de las razones que respaldan las decisiones finales de los encargados de decidir, por lo general personas que como técnicos, directores o actores saben sus oficios pero se extravían a la hora de juzgar acerca de la calidad de las obras ajenas.
En el día de ayer 26 de octubre  pasó en la Seminci un filme que normalmente tendría que ser declarada como ganadora de la Espiga de Oro, ya que difícilmente se concibe que logre aparecer una pieza que pueda superar en solidez a El cliente, el filme iraní de Asghar Farhadi, una obra que gira en otra órbita en relación con todo lo visto hasta la fecha.
Seguramente  El cliente tendrá  distribución asegurada en Colombia,  al tratarse de un realizador cuyos dos últimos títulos, Una separación y El pasado, cruzaron  con buena aceptación por la cartelera nacional  y porque sus antecedentes este año en Cannes, en donde ganó los premios de mejor guion y mejor actor,  son garantía de interés para los distribuidores locales.
El nuevo filme de Farhadi confirma a plena razón el prestigio del iraní y lo coloca en la lista de los directores con mayor proyección en el cine de autor de los próximos años. Los progresos respecto de sus dos filmes anteriores son evidentes en cuanto a la complejidad y el armado del guion y en el sentido de una puesta en escena que gana en precisión y fuerza expresiva.
Alguien tuvo en Cannes la descaminada idea de hablar de thriller a propósito de El cliente y bajo esa adscripción de género corre ahora en la red. El iraní vuelve al mundo de la pareja pero no para ocuparse de su crisis por razones endógenas; esta vez es el hecho de un tercero el que perturba y altera la normalidad en la relación de los dos protagonistas.
El asalto a la mujer por un desconocido en su nueva residencia mueve resortes muy oscuros en la personalidad del marido, que se obsesiona  en una búsqueda del culpable que solo servirá para desnudar el terrible monstruo  que todos llevamos adentro. Y  a pesar de todo, la vida continúa.
Digamos como antecedente que El cliente venía de Cannes y que allí obtuvo los premios a mejor guion y mejor intérprete masculino. Esos antecedentes, de suyo poderosos, no alcanzaban a disipar algunas dudas personales
   


lunes, 24 de octubre de 2016

El adiós de Kiarostami
Orlando Mora

El pasado 4 de julio fallecía uno de los directores de mayor influencia en el cine de los últimos 25 años. Se trata del iraní Abbas Kiarostami, cuya obra fue conocida en España gracias a la difusión lograda en la Semana de Cine de Valladolid, evento que le dedicó una retrospectiva completa en el año de 1993 y en el que ganó en dos oportunidades la Espiga de Oro con A través de los olivos en 1994 y con Copia certificada en el 2010.
Esa cercanía otorga pleno sentido al homenaje que en este 2016 se le rinde en la Seminci al desaparecido realizador, en un apartado bajo el nombre  Querido Abbas. Imprescindible Kiarostami. A la selección de  seis de sus largometrajes se ha agregado una función especial con el penúltimo de sus trabajos Take me home de 16 minutos y un curioso documento de Seifollah Samadian denominado 76 minutos y 15 segundos con Abbas Kaarostami.
En Take me home pervive en estado puro el espíritu del cine del director. Un niño sube con un balón las múltiples gradas que llevan a su casa; en determinado momento el balón rueda por las escalas, el niño regresa por él, pero el balón vuelve a caer escaleras abajo hasta la nueva recogida, nada más. La cámara toma con rigurosos encuadres el recorrido de la pelota y la banda sonora nos regresa el sonido seco del desplazamiento.
Ver esos planos y saber que son casi el testamento del iraní dejan un sentimiento de enorme tristeza, son parte de la despedida de uno de los pocos directores que buscó nuevos caminos para el cine contemporáneo, en especial por su preocupación por la realidad y la necesidad de volver a descubrirla  y a presentarla  con un nuevo tipo de dramaturgia.
Seifollah Samadian fue amigo y colaborador técnico de Kiarostami durante algo más de cinco lustros. Según explicaba en la función de ayer domingo, su vicio personal fue mantener la cámara encendida de manera casi permanente mientras estaba con el director. El resultado son más de diez horas con imágenes de  Kiarostami, de las cuales  y a solicitud del festival de Venecia armó una primera selección a la que llamó 76 minutos y 15 segundos en alusión  a las 76 años y 15 días de vida del autor de ¿Dónde está la casa del amigo?.
No hay textos, voces sobrepuestas o entrevistas en el trabajo de Samadian. Simplemente imágenes que nos traen momentos de un Kiarostami vivo, mientras buscaba locaciones para sus películas, escribía un guion para el director Panahi, se divertía en la playa o explicaba a jóvenes en un taller su idea del minimalismo.  La vida más allá de la muerte.


domingo, 23 de octubre de 2016


La apertura de Valladolid: dos películas para el recuerdo
Orlando Mora
 
La Semana de Cine de Valladolid, la Semincí, abrió este sábado 22 de octubre su edición 61 con un filme  atípico y de alguna manera fascinante. En medio de un cine español en el que las óperas primas suelen tener  poca sustancia y agotarse en el simple ejercicio estilístico, Las furias se va casi al otro extremo y carga las tintas con su historia de un encuentro familiar en el momento en que las cosas están a punto de deshacerse.
Seguramente la causa de ese cambio haya que buscarla en la personalidad de su director Miguel Del Arco, un actor y hombre de teatro que en buen momento ha decidido incursionar en el cine. Es evidente que se trata de alguien que tiene cosas que decir y las dice, de forma quizás por instantes un poco atropellada y excedida, algo que para nada invalida el placer  de  encontrarse con una obra ambiciosa y amarga.
Como es apenas natural en un realizador  que llega del teatro, el texto y los actores son la materia prima a partir de la cual Del Arco  moldea su película. La alusión a la figura mitológica de las Furias  sirve como antecedente para hablar del drama de una familia en descomposición, con personajes a los que José Sacristán, Mercedes Sampietro, Emma Suárez, Alberto San Juan y otros otorgan una credibilidad y una presencia escénica notables.
El segundo momento inolvidable de este primer día de la Semincí lo proporcionó  Viaje por el cine francés de Bertrand Tavernier, un documental que recoge en sus más de tres horas un esfuerzo de documentación monumental y que pasa sin que el espectador cinéfilo sienta el más mínimo asomo de fatiga.
Se trata de un trabajo en primera persona a cargo de alguien que como crítico y realizador ha sido protagonista del cine de su país en los últimos sesenta años. Así que lo que hace Tavernier es hablarnos del cine francés que él conoció y que él ama, con referencias que combinan a partes iguales el juicio crítico y las anécdotas que enriquecen.
Viaje por el cine francés es un documental con el alcance de documento  inagotable, de esos que uno quiere ver y repetir con una hoja de apuntes al lado, de modo de poder retener nombres y momentos que adquieren o recuperan en la voz de Tavernier un eco que perdurará a través de los años. La Historia vuelta historia.
 
 


El Teatro Calderón preparado para acoger mañana la gala inaugural de la #61Seminci.
  • 130Me gusta


  • 199Me gusta

miércoles, 19 de octubre de 2016

De cines por Madrid

Orlando Mora


“París sola es un festival de cine”, solía decir Isaac León Frías como justificación para escaparse un mes cada año de sus obligaciones en Lima e  irse a la capital francesa para darse, al ritmo de tres películas diarias, una actualización  para él insustituible.
He recordado las palabras del crítico peruano a mi llegada a Madrid, de camino al festival de Valladolid que empieza este sábado 22 de octubre. La cartelera del otoño luce espléndida, con títulos suficientes para querer permanecer acá largo tiempo, viendo filmes que interesan a cualquier buen cinéfilo.
A escasos dos días de la llegada, a más de El hombre de las mil caras de Alberto Rodriguez, premio de actuación masculina en San Sebastián y Tarde para la ira de Raúl Arévalo, única película española en la reciente muestra de Venecia, dos filmes nos han dejado una grata impresión, con la entendible esperanza de que puedan llegar a las pantallas colombianas.
Fuego en el mar de Gianfranco Rosi, ganadora del Oso de Oro de Berlín en este 2016, es una obra desgarradora por la precisión y el tono contenido con que se ocupa del tema de los inmigrantes africanos en Italia. Un aviso inicial da cuenta de la realidad de Lampedusa, la isla más al sur de ese país  y a la que luchan por llegar cada año miles de inmigrantes, más de veinte mil fallecidos en el intento en los últimos tiempos.
En línea con lo que hoy sucede en buena parte de la producción de este tipo de cine, Rosi realiza un trabajo que combina a partes iguales el documental y la ficción, con un respeto por  la realidad más propio del primero y una puesta en escena  con registros afines a  la segunda, con un resultado más que plausible. Indiscutiblemente Rosi es ahora  en una de las voces más originales y sugestivas del  cine italiano.
Elle de Paul Verhoeven está llamada a convertirse en una de las películas màs fascinantes y atractivas del año. Su paso por Cannes 2016 fue saludada por parte de la crìtica con un entusiasmo que ahora entiendo y vuelve totalmente extraño su desconocimiento en el palmarés final.
Una pieza retorcida si se quiere, llena de penumbras y de zonas oscuras, pero que elude la gratuidad  gracias a la originalidad del guion y al vigor de la dirección. Si algo más hubiera que decir en favor de Elle, tendría necesariamente que ser la grandeza de la actuación de Isabelle Huppert, hoy por hoy la gran señora del cine francés.

martes, 11 de octubre de 2016

 
 
En un lugar de Francia
Orlando Mora
 
Antes de convertirse en director de cine, Thomas Lilti fue médico de profesión. Esta vez no estamos en presencia de una simple anotación biográfica, se trata de un dato que explica el material a partir del cual se construyen los argumentos de Hipócrates, su muy exitosa segunda película, y ahora En un lugar de Francia, su tercera obra.
El título original del filme francés en cartelera en Medellín es Médecin de campagne, suficiente para anticipar el alcance de los hechos básicos que nutren el armado de la historia.  El protagonista de En un lugar de Francia es un hombre mayor que ha pasado su vida laboral de médico en el campo, atendiendo los pacientes con una diligencia que excede la rutina y que da cuenta de la pasión que siente por su oficio y por las condiciones en que lo ejerce.
La primera escena nos informa del hecho que señala el rumbo del argumento y desencadena el incidente central de la película: la llegada en su apoyo de una médica menor a la que en principio mira con la desconfianza de quien siente invadidos territorios que le pertenecen. La principal línea dramática del guion tiene que ver con el proceso de evolución  en los términos de la relación que se establece entre los dos profesionales.
Tal vez fue Jean Renoir, el gran director francés, quien alguna vez sentenció que en el fondo todas las películas cuentan una historia de amor. En un lugar de Francia no es en ese sentido la excepción, si bien como espectador se agradece el tono menor en que se nos narra, sin ceder a la tentación de caer en el novelón de hombre gravemente enfermo encuentra el amor de su vida.
También hay discreción y voz en sordina en el manejo de la presencia de la muerte, que copa varios de los rincones más sugestivos de la historia. No solo ella amenaza la existencia del protagonista, sino que aparece en uno de los momentos más intensos del filme, cuando el médico entiende el derecho de un paciente a morir en su casa y no en medio de las paredes asépticas  de un hospital.
Bajo el acoso de una cartelera comercial enferma de  películas de aventuras de superhéroes, con exceso de muertes espectaculares y efectos especiales, En un lugar de Francia seduce con un argumento en el que un drama humano ocupa el protagonismo. Ciertamente falta vigor y contundencia en la dirección de Thomas Lilti, lo que no destruye el placer de un trabajo al que mucho aportan las interpretaciones de Francois Cluzet y Marianne Denicourt
 
Coda: La muerte de Andrzej Wajda
El pasado domingo 9 de octubre falleció Andrzej Wajda, el más polaco de los directores polacos. Tenía noventa años de edad y supo mantenerse activo hasta el final de sus días. Hace algunas semanas tuvimos la suerte de poder ver en el Festival de Cine de Toronto  Afterimage, su última película, de la que escribimos algunas líneas que podrán encontrar en nuestro blog.
 
El trailer

 

martes, 4 de octubre de 2016


 

Oscuro animal: las voces del silencio

Orlando Mora

 
 
Luego de sus inicios como documentalista, Felipe Guerrero ha dado el salto a la ficción con Oscuro animal, una película en la que no resulta difícil percibir los rastros que en el director ha dejado su primera experiencia creativa, por lo menos en cuanto a la preocupación intensa por la realidad y el modo de abordarla a partir de un concepto claro de desdramatización.

Mucho de Corta, su brillante segundo documental, queda en la mirada esencialmente contemplativa que Guerrero ensaya en su nueva obra.  Los hechos de la breve y escueta narración de Oscuro animal se organizan sin una voluntad de progresión climática, puestos uno al lado del otro sin una conexión dramática interna, asociados simplemente por la situación básica que hermana el destino de las tres protagonistas.

Las mujeres de esta ópera prima son víctimas de lo que el título del filme anuncia: el oscuro animal de la violencia que durante décadas ha destruido la vida de los colombianos. Anulada cualquier intención de auscultar en el origen o las causas de esa violencia, el director prefiere concentrar su atención en los efectos de ella y concretamente en la suerte de tres mujeres que huyen como forma única de sobrevivir frente a un presente trágico.

Oscuro animal trabaja sobre una metáfora clara y es hablar de la condición de las mujeres como víctimas pasivas de los conflictos armados en Colombia. Eso explica el silencio obstinado, total en el que se mantienen las protagonistas, que han perdido la fe en la palabra y renunciado a cualquier intento de comunicación, librando a su sola presencia física la expresión del terrible drama en el que están envueltas.

A pesar del crudo realismo en el que se inscriben el texto y el contexto de la película, Felipe Guerrero apuesta por un tratamiento deliberadamente simbólico, dejando que la impasibilidad gestual de sus actrices reemplace el también posible retrato psicológico. La acción exterior fragmentada y por pasajes oscura deja a la imaginación del espectador la obligación de integrarla y completarla, en un ejercicio exigente que no todos podrán abordar.

Nada en el final apunta a un mundo mejor en la vida de las tres mujeres cuya trayectoria hemos seguido a trozos. Del agua transparente de los planos iniciales, indicativos tal vez de un mundo en principio mejor, el filme se cierra con ellas instaladas en un lúgubre inquilinato urbano, antesala probablemente de un nuevo infierno.

Premiada como mejor película en los festivales de Guadalajara y Lima, Oscuro animal confirma la voluntad de Guerrero de persistir en la línea de un cine radical de autor, desentendido de las exigencias de la taquilla que a otros tanto obsesiona.



Aquí el Tráiler