miércoles, 19 de octubre de 2016

De cines por Madrid

Orlando Mora


“París sola es un festival de cine”, solía decir Isaac León Frías como justificación para escaparse un mes cada año de sus obligaciones en Lima e  irse a la capital francesa para darse, al ritmo de tres películas diarias, una actualización  para él insustituible.
He recordado las palabras del crítico peruano a mi llegada a Madrid, de camino al festival de Valladolid que empieza este sábado 22 de octubre. La cartelera del otoño luce espléndida, con títulos suficientes para querer permanecer acá largo tiempo, viendo filmes que interesan a cualquier buen cinéfilo.
A escasos dos días de la llegada, a más de El hombre de las mil caras de Alberto Rodriguez, premio de actuación masculina en San Sebastián y Tarde para la ira de Raúl Arévalo, única película española en la reciente muestra de Venecia, dos filmes nos han dejado una grata impresión, con la entendible esperanza de que puedan llegar a las pantallas colombianas.
Fuego en el mar de Gianfranco Rosi, ganadora del Oso de Oro de Berlín en este 2016, es una obra desgarradora por la precisión y el tono contenido con que se ocupa del tema de los inmigrantes africanos en Italia. Un aviso inicial da cuenta de la realidad de Lampedusa, la isla más al sur de ese país  y a la que luchan por llegar cada año miles de inmigrantes, más de veinte mil fallecidos en el intento en los últimos tiempos.
En línea con lo que hoy sucede en buena parte de la producción de este tipo de cine, Rosi realiza un trabajo que combina a partes iguales el documental y la ficción, con un respeto por  la realidad más propio del primero y una puesta en escena  con registros afines a  la segunda, con un resultado más que plausible. Indiscutiblemente Rosi es ahora  en una de las voces más originales y sugestivas del  cine italiano.
Elle de Paul Verhoeven está llamada a convertirse en una de las películas màs fascinantes y atractivas del año. Su paso por Cannes 2016 fue saludada por parte de la crìtica con un entusiasmo que ahora entiendo y vuelve totalmente extraño su desconocimiento en el palmarés final.
Una pieza retorcida si se quiere, llena de penumbras y de zonas oscuras, pero que elude la gratuidad  gracias a la originalidad del guion y al vigor de la dirección. Si algo más hubiera que decir en favor de Elle, tendría necesariamente que ser la grandeza de la actuación de Isabelle Huppert, hoy por hoy la gran señora del cine francés.

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