viernes, 16 de diciembre de 2016


 

Sully

Orlando Mora

 

Hace algunos días vi  o creo haber visto la película Sully de Clint Eastwood. Y lo digo de esta manera porque a pesar de haber estado en una sala ejecutiva de primera categoría y en un horario de cinco y treinta de la tarde, se nos presentó una copia doblada, una forma nefasta de exhibir el cine.  

En Colombia a diferencia de otros países no había existido por fortuna la tradición de presentar las películas dobladas. No habíamos conocido acá la diferencia entre funciones con versiones originales subtituladas y versiones dobladas al español. Las cosas empezaron  a cambiar cuando la participación del público infantil en la taquilla fue en aumento, lo que sumado a la infantilización de los espectadores adultos viene impulsando la práctica aberrante del doblaje de los filmes.

El cine de ficción que alimenta habitualmente la cartelera comercial narra historias y esas historias se cuentan con el insumo básico de los actores, ellos son la imagen pública de las películas y por eso suelen constituir el rubro más incidente en los costos de producción de las obras. Los actores, no parece necesario decirlo, trabajan con su gestualidad, con su expresividad corporal y también con su voz. Desaparecer este último elemento de sus recursos creativos y sustituirlo por las voces neutras y sin matices del doblaje es una amputación, un despojo que afecta la totalidad artística y significativa de los filmes.

Por desgracia el mal de las copias dobladas luce casi  imposible de detener y será un paso más en la degradación de las condiciones en que hoy se ven las películas. Dirigida a un espectador atento solo a los temas y que le da igual verla en un televisor, en una tableta o en un teléfono, la obra cinematográfica se vuelve un producto tan consumible y fungible como las palomitas de maíz que inundan hoy las salas. Los peores temores de quienes vieron los peligros de  la exhibición de las películas en la televisión siguen cumpliéndose.

Si algo quedó de Sully luego de padecer a Tom Hanks , Aaron Eckhhart y  otros buenos actores con sus voces dobladas,  faltos de entonación y modulación, sospecho que se trata de una obra menor en la notable filmografía del admirado Clint Eastwood, muy distante de cimas como Los puentes de Madison, Los imperdonables o Mystic River. Aplicado con rigor a la reconstrucción de lo acontecido en enero del 2009, cuando el piloto que interpreta Hanks logró acuatizar casi milagrosamente en el río Hudson, salvando la vida de los 155 pasajeros, la obra se agota un poco en la dramatización del acontecimiento y de la contradictoria posición en que se colocó a su protagonista. Quedan sí los atisbos de la ideología del director, partidario a ultranza de la primacía del individuo sobre las imposiciones y amenazas de las instituciones.

 

 

1 comentario:

  1. Hola Orlando. Como no he vuelto a los cines de centros comerciales, quede sorprendido con esta funesta noticia. Hace unos años, pegué el grito en el Kine, cuando un profesor de cine de una U. Colombiana me decía que los alumnos estaban por exigirle, que las clases se las dieran con películas Dobladas, no importando los comentarios que tan acertadamente aduces. En fin, para nosotros está quedando un cine de cartón y con profundidad tan amplia como el Corcho. un abrazo.

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