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Los falsos tatuajes: Un amor de verano
Orlando Mora

Ignoro si la aparición en la cartelera comercial de una película pequeña como Los falsos tatuajes sea el resultado de la reciente semana de cine canadiense organizada por la embajada de ese país y la distribuidora nacional independiente Babilla. Salvo las obras de directores avalados por  festivales mayores,  antes David Cronenberg o Atom Egoyan y ahora Denis Villeneuve o Xavier Dollan, el cine de Canadá es un absoluto desconocido para el espectador colombiano.
Los falsos tatuajes fue lanzada en Europa en un apartado menor de la Berlinale de este año y el director Pascal Plante estuvo con su opera prima como invitado especial en la semana del  cine canadiense antes mencionada. El buen sabor de boca que  deja la película nos hace lamentar no haber estado en los diálogos con el realizador y habernos enterado de los antecedentes de una obra con maneras evidentes de un cine de autor.
En esa línea lo primero a decir es que Plante firma como responsable en solitario del guion, lo que da una idea del carácter bastante personal del proyecto.  El texto que elabora el director parece responder a la lógica de un diario íntimo, hecho con anotaciones que registran pasajes de un verano en la vida del protagonista, diario que empezaría en la noche de su cumpleaños.
Theo cumple dieciocho años y esa fecha marca su paso a la mayoría de edad, un dato sin el cual la película sería otra cosa, ya que entrega la perspectiva a partir de la cual debe leerse lo que vive el joven en esa noche y en los días siguientes de su verano en Montreal. El filme abre y cierra con Theo y la cámara lo sigue obsesivamente a lo largo de todos los momentos.
La parte central  que cuenta Los falsos tatuajes es el romance que Theo vive con Mag y a lo mejor la historia de amor tiende a considerarse como el eje de la película, con lo cual se corre el riesgo de reducirla  a lo tantas veces visto  del chico que encuentra a la chica, con las variables propias  de las comedias televisivas de olvidable consumo.
La película de Pascal Plante  está más allá y en esa medida creo que poco le sirve la mención  a la trilogía de Richard Linklater   con que parte de la crítica se ha referido a la película del canadiense. Antes del amanecer, Antes del atardecer y Antes del anochecer  trabajan sobre la casualidad y la fugacidad del sentimiento amoroso y la imposibilidad de sostener la sensación de eternidad que la embriaguez del amor repentino despierta.
Los falsos tatuajes apunta más al retrato generacional y a esa especie de incomodidad, de vacío  con que Theo lleva su vida, con menciones  a lo que está más allá de la relación sentimental de los jóvenes, algo que  no existe en la trilogía de Linklater. El ambiente familiar del muchacho no puede ser más frío y desapegado, salvado apenas por la cercanía con su hermana y con un par de momentos que dan cuenta de la tragedia que  pesa en el ánimo del muchacho y en los miedos que lo rondan.
Pareciera que este tipo de cine sobre un universo juvenil marcado por el desasosiego y por cierta necesidad de aturdirse, por ese “beberse sin sed” sartriano, estuviera destinado a filmarse siempre con planos cortos y con el  ritmo frenético propio del  video clip. La buena sorpresa es que Pascal Plante acude a una planificación diferente, con largos  planos secuencias que permiten conferir densidad a un mundo casi inasible, plagado de matices, silencios y diálogos mínimos.
La incomodidad de Theo y Mag empieza quizá con sus nombres. Una vida de la que poco se espera, en especial en el caso del muchacho, tocada ahora por un amor de verano que lo sacude y  rompe la monotonía de sus días. Una canción se encargará de recordarle un año más tarde el golpe de luz que una vez le dejaron esas horas.
El director da cuenta del significado que para estos jóvenes tiene la música, que opera a manera de verdadero refugio y que sirve junto a los tatuajes como punto común para entablar una conversación que cambia el rumbo de las cosas. Es difícil ser joven hoy y quizás siempre lo fue. De eso nos habla esta amable y entrañable opera prima.



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