Ir al contenido principal





The smiling Lombana: Los muros del silencio
Orlando Mora

En el primer plano de El ciudadano Kane, la eterna obra maestra de Orson Welles, aparece una puerta de hierro con un letrero que dice Entrada prohibida. A pesar de esa prohibición la cámara traspasa la verja y avanza lentamente hasta descubrir las formas fantasmales del castillo de Xanadu, el lugar reservado de Kane.
Esa imagen bien puede servir como metáfora para referirse a  esos lugares de acceso prohibido que todas las familias quieren preservar. En su interior están los escombros y miserias que el duro oficio de vivir va dejando a su paso, en una acumulación de la que poco o nada se habla, bajo pactos de silencio que esperan simplemente que el tiempo haga su trabajo.
En The smiling Lombana, su segundo trabajo documental, Daniela Abad realiza una nueva incursión al ámbito de su familia, lo que  crea una falsa similitud con su opera prima Carta a una sombra (2015). Se trata de dos obras a las que separa una diferencia radical en cuanto a la actitud de la familia, dictada por las condiciones de los personajes evocados: Héctor Abad Gómez, abuelo paterno de la realizadora y  padre de la Salud Pública en Antioquia, es un hombre al que se quiere recordar; Tito Lombana, el sonriente y lejano abuelo materno, es alguien al que se prefiere mantener en las sombras y penumbras del olvido.
En esa medida hay que decir que The smiling Lombana supuso para la directora un problema ético que no estaba en su primer documental y que toca  con la  decisión de acatar o no  la actitud de la familia frente a Lombana. Al hacer la obra, es claro que Daniela Abad entiende que su responsabilidad como artista frente a un tema que la atrae debe sobreponerse a las restricciones  creadas por el entorno familiar.
La respuesta estética al problema ético la encuentra la realizadora en el registro íntimo con que construye su relato, involucrándose ella en la indagación, sin partir de certezas o verdades previas.  Abad se pregunta quién fue en realidad ese abuelo al que solo vio en una  ocasión, cuando ya mayor y acosado por la muerte, la saludó con un gesto de cariño y le entregó un sobre con dólares. La película corresponde a esa búsqueda, que se arma pacientemente a partir de los testimonios de los familiares que quisieron hablar y del valioso material de home movies recuperados por la directora.
No hay una conclusión en la búsqueda de Daniela Abad, salvo entender que el ser humano es demasiado complejo para alcanzar a ser abarcado en  una película. Cuánto de Jekyll y Hyde hay en un hombre es algo que nunca podrá precisarse y esas son las palabras de la confesión con que en un tono menor  la  directora cierra su filme, no lejos de lo que un personaje concluye en la  obra de Orson Welles: “el señor Kane era un hombre que tuvo todo lo que quiso y que lo perdió todo…Creo que ninguna palabra basta para explicar la vida de un hombre”.
Daniela Abad anuncia ahora su paso a la ficción, algo que no sorprende en presencia de la estructura narrativa que presentan sus dos filmes documentales. Quedan en evidencia su vocación realista y una fluidez en la construcción de los relatos, elementos que habrá que esperar para conocer de qué forma se integran en sus nuevos universos ficcionales.
Si algo más debiera destacarse a propósito de The smiling Lombana es el notable esfuerzo de Abad y sus productores por llegar a la cartelera comercial, algo que han alcanzado en condiciones más que dignas, con el estreno de la película  en un número considerable de ciudades y salas, en una lucha que sirve para colocar el cine documental en el lugar privilegiado que por su importancia artística y moral hoy merece.  



   

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Somos calentura: Las desventuras del cine colombiano Orlando Mora
Uno quisiera dedicarse simplemente aescribir sobre los méritos que encuentra en una obra brillante como la que ha realizado Jorge Navas en Somos calentura,pero esta vez ese deseo debe ceder ante el absurdo de lo que ha ocurrido con ella en su estreno comercial, masacrada literalmente por los engranajes implacables de una exhibición que funciona bajo otros intereses. Ilustremos con lo sucedido localmente, que supongo haya sido igual en el resto del país. Se lanza el filme de Navas en seis de las ciento veintisiete salas del Valle de Aburrá y Oriente que anuncian en El Colombiano su programación diaria y en varias de ellas en horarios compartidos con otras películas. Apenas como referencia citemos que La monja dispone de cincuenta y cinco salas y en horarios exclusivos. Una semana más tarde, el jueves 20 de septiembre, Somos calentura ha desaparecido de cinco de esas seis salas y queda apenas en el Colombo Americano, con una…
Adiós entusiasmo: Los retos del cine joven Orlando Mora
No sorprenden los antecedentes con que en materia de festivales se presenta esta película: estreno mundial en el Forum de la Berlinale en el 2017, premios en el Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires, Mejor película y Mejor Director en el de Cartagena del mismo año,exaltaciones en certámenes que privilegian propuestas arriesgadas y de un pleno sabor autoral. Adiós entusiasmo revela de entrada las fuentes en las que ha bebido Vladimir Durány el ambiente profesional en que se ha formado. Lo primero porque cruzan por la obra influencias más o menos reconocibles de ciertos directores, y lo segundo en cuanto pienso que en ella están Buenos Aires y las líneas que distinguen el tipo de cine nuevo que más se valora por la crítica en esa ciudad. Adelantemos algo de lo que verá el espectador. Una madre y cuatro hijos habitan una casa de sala grande y largos corredores; a ella llegarán algunos visitantes, unos que complet…