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Sin nadar que perder: Los nuevos desheredados de la tierra Orlando Mora   Hay una mezcla fascinante de presente y pasado con un inocultable tono nostálgico y crepuscular en esta película del escoses David Mackenzie. Ese resultado se consigue gracias a las virtudes de un guion que bucea en la realidad reciente de los Estados Unidos- la crisis de las hipotecas   y la forma como muchos ciudadanos perdieron sus propiedades- y el espacio geográfico donde se ubica la trama en lo más profundo del oeste norteamericano. Muchos de los textos escritos a propósito de Sin nada que perder aluden a una especie de vaquero moderno, referencia que se explica por la importancia de sus paisajes abiertos, el regreso de las armas como única forma de sobrevivir en un mundo en el que cada uno debe resolver las cosas por su propios medios y muy especialmente por la presencia del personaje de un viejo comisario en vísperas de pasar a retiro. La epopeya vuelta mito de la conqu...
  Toni Erdman: La vida está en otra parte Orlando Mora Nos gastamos los días   haciendo cosas, muchas cosas y entre tanto la vida pasa al lado sin que nos demos cuenta. Estas palabras son una especie de síntesis que aparece en la escena final de Toni Erdman y que corresponde a una de las ideas centrales   que vertebra la película de la ahora aclamada directora alemana Maren Ade. Antes de ese diálogo de cierre hemos asistido a un largo metraje de ciento sesenta y dos minutos de un guion que firma la misma realizadora y al que creemos la ha hecho falta un control externo que limitara sus evidentes excesos, uno de los riesgos que se corren cuando se suman en la misma persona las funciones de director y guionista. De entrada cualquier reparo a Toni Erdman suena problemático. Estrenada en el festival de Cannes del año anterior, allí cosechó aplausos de la crítica especializada, que la celebró incluso con el premio a mejor película. Declarado también M...
Hasta el último hombre: Los hechos de la guerra Orlando Mora Perderse los planos iniciales de cualquier película impide siempre una correcta y completa lectura de ella. El principio y el cierre de la obra resultan definitivos, en cuanto son ellos los que mejor revelan el sentido del discurso cinematográfico que nos propone el director, abriendo y restringiendo las posibles lecturas del texto audiovisual. Hasta el último hombre de Mel Gibson confirma la verdad de la afirmación anterior. En la primera escena de la película asistimos a una presentación anticipada de algunos de los momentos que se vivirán en las secuencias centrales de la película, que vienen acompañados con un texto que revela el tono religioso, trascendente que el director quiere imponer como   punto de vista sobre los hechos de la guerra que va a mostrar. De alguna manera si el filme no llega a buen puerto, ese resultado tiene que ver con que no consigue que el infierno de cualquier guerra, en es...
Manchester junto al mar: el regreso imposible Orlando Mora No sorprende saber que el director de esta película es autor de teatro y escritor de guiones, con una filmografía escasa que en quince años apenas llega a su tercer título. Las cosas buenas de la obra pertenecen a alguien capaz de acercarse al discurrir de los dramas humanos con sensibilidad y con el sentido de percepción de los verdaderos creadores. Esas virtudes saltan a la vista en presencia de una historia que atrae al espectador por el tono de intimidad en que se desenvuelve, con una búsqueda de verdad que aparece desde los planos iniciales del filme. En medio de tanto cine norteamericano irritante de superhéroes, villanos y efectos especiales, Manchester junto al mar   supone una especie de bocanada de aire fresco que debe agradecerse. Dos temas centrales mueven el engranaje del guion de la película de Kenneth Lonergan. El primero y definitivo es el de la imposibilidad de superar ciertos trauma...
A veces no sé en qué parte estoy del cine, entrevista con Carlos Cesar Arbeláez.  Orlando Mora P .-En el año 2006 fui jurado de la convocatoria del Fondo de Promoción Cinematográfica y allí estaban   dos proyectos tuyos que nos interesaron mucho: Los colores de la montaña y Eso que llaman amor. Qué pasó con ese segundo proyecto desde entonces? R.- Yo estaba muy desilusionado con el proyecto de Los colores de la montaña , que venía tratando de montar desde el año 2001 y   como se acababa de cancelar por segunda vez, me puse a escribir   Eso que llaman amor . Ese proyecto sale un poco de lo que me había dejado El decálogo de Kieslowski que había visto años   atrás y estaba maravillado con ese formato de que poder narrar una ciudad bajo la forma de episodios. Escribí cuatro episodios y así fue el origen de Eso que llaman amor . Después con el tiempo, con Carlos Henao y en otra pasantía de guion vi que   si las contaba de manera simultánea ganaban ...
  Sully Orlando Mora   Hace algunos días vi   o creo haber visto la película Sully de Clint Eastwood. Y lo digo de esta manera porque a pesar de haber estado en una sala ejecutiva de primera categoría y en un horario de cinco y treinta de la tarde, se nos presentó una copia doblada, una forma nefasta de exhibir el cine.    En Colombia a diferencia de otros países no había existido por fortuna la tradición de presentar las películas dobladas. No habíamos conocido acá la diferencia entre funciones con versiones originales subtituladas y versiones dobladas al español. Las cosas empezaron   a cambiar cuando la participación del público infantil en la taquilla fue en aumento, lo que sumado a la infantilización de los espectadores adultos viene impulsando la práctica aberrante del doblaje de los filmes. El cine de ficción que alimenta habitualmente la cartelera comercial narra historias y esas historias se cuentan con el insumo básico de los...
    Eso que llaman amor: De qué hablamos cuando hablamos de amor Orlando Mora   Tomo en préstamo el título del inolvidable libro de cuentos de Raymond Carver   para abrir estas líneas sobre el hermoso filme de Carlos César Arbeláez que acaba de estrenarse en el país. Luego de un tortuoso camino de dificultades, incomprensiones y desencuentros, al fin pudo llegar a la cartelera comercial en una época acaso más propicia para otro tipo de material más frívolo y olvidable. Luego del éxito de crítica y de público de Los colores de la montaña , su opera prima, Arbeláez cargaba con el peso de confirmar si era posible repetir los varios y felices hallazgos de esa película, de alguna manera un trabajo paradigmático en el cine colombiano en cuanto lograba combinar a partes iguales la calidad con la popularidad. Los caminos de evolución del cine moderno desde los tiempos de la Nueva Ola francesa han llevado a un distanciamiento cada vez mayor entre las obr...