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Couture. Historias de mujeres

Orlando Mora

Continúa en funciones marginales de la cartelera local una película francesa que bien merece una mirada de parte de los buenos cinéfilos. Se trata de Couture y la responsable de su guion y realización es Alice Winocour, una directora de la que apenas conservo el recuerdo lejano de Augustine, su opera prima lanzada en la Semana de la Crítica del festival de Cannes del año 2012.

Couture ha sido recibida con cierta tibieza por parte de la prensa especializada, una respuesta que ante el entusiasmo con que se celebran otros títulos llama a preguntarse qué es una buena película en  los tiempos que corren y si han cambiado tanto los valores que nos interesaban a quienes descubrimos el cine viendo las obras de los maestros de los años cincuenta y sesenta,  y ahora no entendemos por qué el atributo de calidad se predica con exclusividad de obras salidas de los festivales y que plantean severas dificultades de lectura para el espectador corriente.

Leo con frecuencia que el cargo que se imputa a un filme es ser demasiado clásico en su estructura narrativa, como si la claridad y la transparencia hubieran adquirido desde cierta perspectiva una connotación negativa. Privilegiar como el único cine de calidad el de directores como Apichatpong Weerasethakul, Lars Von Trier o Pedro Costa, para citar solo tres nombres, equivaldría a colocar en literatura como referentes únicos a escritores como James Joyce, William Faulkner o Joao Guimaraes Rosa. 

Estas palabras a título de digresión para señalar que Couture es una buena película en el sentido de proponer una historia seria, que soslaya en todo momento la banalización o la frivolidad a que el tema invita y que en su tratamiento exhibe un nivel  que va en busca de la comunicación inteligente con el público, sin manipulaciones ni concesiones, a pesar de las reservas que en principio despierta la presencia a la cabeza del reparto de una estrella como Angelina Jolie.

La obra de Alice Winocour nos habla de mujeres que coinciden por unas pocas horas en un espacio y un tiempo determinados. Se acerca la inauguración de la Semana de la Moda en París y a la ciudad llega una directora de cine norteamericana de escasa trayectoria y cuya primera película en el género de terror ha despertado el interés de los productores del evento para conciba y dirija el acto inaugural, al que seguirá el desfile de las modelos en la pasarela.

A pesar de las apariencias, Couture no es una obra coral, dado que la directora con destacable habilidad otorga el primer plano de protagonistas a dos de las mujeres, dejando que una tercera se convierta en la mirada crítica sobre el universo de la moda y varias otras aparezcan con tiempo escaso, pero suficiente para adquirir una presencia dramática que enriquece la obra.

A una pregunta para que califique en dos palabras lo que piensa de la moda, Maxine la protagonista responde: Inútil y necesaria. Más que una línea de diálogo, esa respuesta parece definir la postura de la realizadora Winocour, capaz de acercarse a ese mundo sin una mirada crítica prejuiciada y con una lucidez que alcanza para mostrar las circunstancias que rodean a sus dos personajes principales.

Cuando parecía que a Maxine lo sonreían las cosas en cuanto a la posibilidad de poder realizar su siguiente película como directora con mejores recursos materiales, el destino dispone otra cosa y una enfermedad devastadora derrumba en horas todos los sueños y la coloca ante la inminencia de la muerte, el trance que como anotaba Pier Paolo Pasolini otorga el sentido final a lo que ha sido la vida.

En Couture no hay un cruce de caminos de los personajes. Cada uno está en el suyo y Alice Winocour lo expresa al fijar la atención por segmentos en las protagonistas, siguiendo a una y a otra por largos minutos, evitando una simultaneidad en la presentación, algo que molesta a muchos y que luce como uno de los aciertos de la construcción narrativa de la película.

No ignoro el terreno vidrioso que se pisa cuando se afirma la presencia de la mano de una mujer en la dirección de una película. Si bien en mis años de juventud el mundo femenino lo expresaban con profundidad directores como Ingmar Bergman o Michelangelo Antonioni, en esta ocasión encuentro una finura y una sensibilidad distintas, que me nace atribuir a la percepción de la realizadora francesa, con una Angelina Jolie en la mejor interpretación que le recuerdo, con el coraje para jugarse la piel al encarnar un personaje que repite su dolorosa experiencia personal.

Couture no es una obra maestra, tiene sí todo lo que se le puede reclamar como espectador a una película y es que las imágenes y las escenas pervivan en la memoria una vez se abandone la sala, y que la ventana que abre el arte nos acerque a ese algo que Cesare Pavese llamó El oficio de vivir.

 

 

 

  

 

 


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