El agente secreto: Los
años oscuros
Orlando Mora
Kleber Mendonça Filho ha llevado una carrera exitosa en el
festival de Cannes. Aquarius en el
2016 participó con buenas críticas en la competencia oficial, en el 2019 Bacurau obtuvo el Premio Especial del
Jurado y en el 2025 El agente secreto,
la película que acaba de estrenarse comercialmente en el país, obtuvo las
recompensas a Mejor Dirección y a Mejor actor con Wagner Moura, y a más de esos
trofeos oficiales fue considerada por la Fipresci, la Asociación internacional
de críticos de cine, como la mejor película de la competencia.
Sirve la mención anterior para
tratar de explicar lo que siento como espectador luego de su visionado,
precedido por unas expectativas que no se colman y que dejan una cierta
sensación de insatisfacción. Se trata de una obra de calidad innegable, con
virtudes que dan cuenta de la solvencia narrativa del director brasilero y de
la manera exigente y cuidadosa como prepara y resuelve su trabajo. Solo que identifico
cosas que no funcionan a plenitud y que le restan a la profundidad a que aspira,
y que otros ven en ella y yo no encuentro.
Empezando por los méritos,
digamos que lo más notable es la forma notable como se ha logrado la
ambientación de la historia en los setenta, con unas soluciones visuales y
sonoras que nos plantan de lleno en lo que fueron esos años, en un esfuerzo de
reconstrucción de una impecable profesionalidad. Si la trama de una película son
unos hechos que se desenvuelven en un
tiempo y un espacio determinados, esta vez esas referencias son definitivas y
juegan como un subtexto que alimenta la comprensión de lo que ocurre a lo largo
del relato. Todo lo que vemos en la pantalla se sostiene en su verosimilitud y
significado en cuanto ocurre en el Brasil de los años setenta.
Nos hallamos en tiempos de la oprobiosa
dictadura militar brasilera, los abusos policiales están fuera de control, la
desaparición de personas es asunto cotidiano, los opositores al régimen corren graves
riesgos y sus vidas se encuentran bajo constante amenaza. Ese es el contexto en
que transcurre la acción, con un profesor universitario perseguido (espléndida
la interpretación de Wagner Moura), que
vuelve a Recife en busca de su pequeño hijo y con la intención de rehacer su existencia
y escapar de los peligros que lo acosan.
Mendonça Filho cuenta en su formación con raíces cinéfilas, que se
sienten desde el mismo título tomado de una película y que el director utiliza
para manipular un poco las expectativas del público, y prosigue con el recurso
de acudir a procedimientos de distintos géneros cinematográficos, principalmente
el cine de suspenso o thriller y en algunos momentos la sangre propia de las
películas de terror, cuyas retóricas le sirven para resolver distintos pasajes
de la obra.
Si se quisiera ilustrar con
ejemplos las buenas maneras del director
brasilero, bastaría con citar dos
secuencias: la muy larga de apertura, maravillosa en su ejecución precisa y
contenida, y la de la persecución del sicario contratado para matar al
profesor, dotada de un ritmo que nos recuerda y remite a grandes momentos del
thriller.
Si El agente secreto es sólida
en cuanto a su factura, no sucede lo mismo en lo que toca con su guion, que es
difuso y roza demasiados temas, muchos de ellos de forma tangencial y sin
brindarles el espacio necesario para que adquieran un verdadero
significado, confiando en que el espectador los completará con base en su
conocimiento o en el imaginario de lo que fue el Brasil de los años setenta.
Los 140 minutos de duración de la
película se explican por la inclusión de varios eventos ajenos a la línea central del argumento,
buscando sin resultados plausibles enriquecer el relato, tal como acontece con
el asunto de la leyenda popular de la pata peluda que ataca en los parques o el
incidente de la muerte de un niño, que da origen a una escena en que se enfatiza
en las diferencias de clase y en la forma como las autoridades protegen a unos
en desmedro de otros.
Pero de fondo hay asuntos que no
funcionan en el guion de la obra, mínimamente dos: la caracterización muy pobre
del señor Ghiroti, un malo descrito sin matices y con metraje insuficiente para
cobrar mayor consistencia. Lo segundo es lo que toca con el uso de la película Tiburón de Spielberg y del terror que despierta
para crear un clima de violencia acorde con los tiempos en que transcurre la
acción, fijándola además como
punto de referencia para marcar el crecimiento del hijo del protagonista, tal
como se escucha en el diálogo final.
El agente secreto se construye en tres de tiempo, partiendo del
presente en que en que inicia la historia, los flash-backs que corresponden a
recuerdos del personaje principal y luego el paso al futuro en
que una joven investiga lo acaecido
con el profesor Armando, en un intento un tanto artificioso por destacar la necesidad de que las nuevas
generaciones conozcan y no olviden lo que fue un pasado de terror y de sombras.
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