Recordando a Luis
Brandoni
Orlando Mora
Hasta los ya lejanos años sesenta
del siglo pasado el cine latinoamericano carecía de una existencia geográfica
propia. Existían el cine mexicano, el argentino, el brasilero y algún título de
otro país que ocasionalmente alcanzaba a colarse en medio del desierto. También desde esa época se
escuchaba y hoy se repite la queja de la falta de oportunidades de distribución que permitan que nuestros
públicos puedan conocer esas películas.
Surge esta reflexión con
motivo de la muerte del actor argentino Luis Brandoni, acaecida el pasado 19 de
abril, un acontecimiento registrado con entendible y colectivo pesar por sus
connacionales y apenas si mencionado en la prensa local, seguramente por lo poco
que dice por estos lados el nombre de
Brandoni, un profesional con un recorrido en la actuación en cine y teatro de
más de sesenta años.
Una de las cosas que más
impresiona en la desaparición del argentino es su carácter de inesperada, dado
que a pesar de sus ochenta y seis años
continuaba en plena actividad, había terminado en los meses recientes su
participación en dos series y al momento de sufrir el accidente casero que le
produjo un traumatismo craneal se hallaba
en exitosa temporada teatral con la obra ¿Quién
es quién?
A más de la solvencia de su
trabajo profesional, Brandoni era respetado y querido por sus manifestaciones personales
en contra de la dictadura argentina, las que le acarrearon dificultades con las
autoridades policiales del régimen. Recuerdo haberlo visto en el año de
1986 en compañía de la también actriz
Marta Bianchi, su esposa en ese momento, desenvolverse como participante de primer
nivel en el Festival del Nuevo Cine
Latinoamericano de la Habana, edición en la que presentó su comedia Seré cualquier cosas, pero te quiero y tuvo
a su cargo la entrega de varios de los premios en la sesión de clausura del
evento.
En el año anterior Brandoni había
intervenido en Esperando la carroza,
una obra de enorme popularidad dirigida
por Alejandro Doria y en la que
aparecía al lado de figuras notables de
la actuación como China Zorrilla, Julio De Grazia, Enrique Pinti y otras, en
una comedia que en un tono de humor absurdo y delirante nos hablaba de egoísmos
y conflictos en el ambiente de una familia cualquiera.
Las notas necrológicas cada que
fallece un artista son usuales y en ellas se mencionan las obras más
significativas de su trayectoria, lo que se constituye en una invitación para
tratar de descubrirlas o revisitarlas.
En el caso del cine media un gran impedimento y es la ausencia de cinematecas y lugares
especializados donde los espectadores puedan revisar los títulos que más les interesen.
Esa grave carencia se viene
remediando, así se de manera parcial y limitada, con la oferta que traen en sus
programaciones las plataformas de streaming, en las que es posible encontrar
filmes de un director o un actor
fallecido y rendirles el justo homenaje de ver o volver a ver sus películas.
Tal ocurre en el caso de Luis
Brandoni, de quien es posible recuperar en Netflix dos de sus últimas obras La odisea de los giles (2019) y Parque Lezama (2026), y en Disney + Nada, una serie en cinco capítulos que
se hizo en el año 2023 bajo la dirección de los realizadores de cine Mariano
Cohn y Gastón Duprat.
Nada disfrutó de una muy buena acogida, la que llevó a que la
compañía productora decidiera realizar una segunda temporada bajo el nombre de Todo, serie que de acuerdo a la información de prensa alcanzó
a grabarse antes del accidente de Brandoni y que se supone llegará a
programación en los próximos meses.
La serie de Cohn y Duprat es
plenamente disfrutable por cualquier espectador, pero en mayor medida por
quienes amen la comida (se verán platos, cortes de carne, postres, recetas y otras maravillas), la ciudad de Buenos
Aires (con sus calles, cafés y restaurantes) y el trabajo de los grandes
actores (con Luis Brandoni en el centro y Robert De Niro llevando la narración
desde Nueva York).
El personaje central es un viejo
cocinero retirado que lidia con su carácter y con las huellas de intransigencia
que dejan los años, interpretado de manera soberbia por Brandoni, con un
último capítulo en el que brinda junto a De Niro una clase de actuación absolutamente memorable. En la ficción al
final de la serie el cocinero desde el hospital le envía a su amigo en Nueva
York un mensaje en registro bien porteño, el mismo que imagino el actor hubiera deseado enviar en la realidad antes de
su muerte: Dejen vivir y no rompan las pelotas.
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