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Valor sentimental: La vida en presente

Orlando Mora

Hace algunas semanas se estrenó comercialmente en el país la película noruega Valor sentimental, ganadora del Gran Premio del Jurado en el festival de Cannes del año 2025, el reconocimiento más valorado en ese certamen luego de la Palma de Oro. Si bien la obra se mantiene en funciones residuales en la ciudad, la noticia es que la plataforma Mubi la acaba de ingresar a su programación el pasado jueves 12 de febrero.

Si a la pieza de Joachim Trier se fuera aplicar la regla de uso de considerar la escena inicial de cualquier filme como una de las claves de su intención significativa, habría que dar valor de  protagonista a la casa de la familia Borg, a la que llega la cámara luego de una hermosa panorámica y que prosigue con unos planos en que se la presenta como si se tratara de un verdadero personaje.

Y efectivamente habría que aceptar que  el lugar ocupa esa centralidad en el relato, en cuanto en ella confluyen el pasado y el presente del grupo familiar del que se ocupa Valor sentimental, un título que hace referencia al sentido que adquieren los objetos que han pertenecido a seres amados que ya no están, pero que continúan gravitando sobre nuestras vidas.

El guion de la película lo firman el director y su colaborador habitual Eskil Vogt, un escritor y cineasta noruego con el que ha establecido una fructífera comunidad creativa, la que se refleja en la agudeza  de  su construcción y en la forma como se van enriqueciendo las situaciones básicas y el perfil de los personajes con pequeños detalles que otorgan solidez y profundidad al conjunto.

Para empezar se pudiera decir que Valor sentimental nos presenta  un cuadro de familia, con una característica particular  y es que sus dos principales protagonistas son artistas, lo que conduce a que si bien la historia nos deja ver problemas humanos de frecuente y normal ocurrencia, esta vez son vividos por seres que en razón de su condición intelectual los padecen en unos niveles especiales de intensidad, lucidez y desgarramiento.

Hay en la obra del noruego a partes iguales un retrato de familia y un retrato de artistas, en un delicado equilibrio que el director y su coguionista preservan con admirable habilidad. El núcleo del relato lo constituyen las conflictivas relaciones de la actriz Nora  con su padre Gustav, un prestigioso  director de cine que lleva quince años sin rodar  y que ahora pretende que lo que tal vez pudiera ser su último guion sea protagonizado por su hija.

A causa del resentimiento con su padre  Nora  se niega a entrar al proyecto sin siquiera leer el guion, lo que obliga al realizador a acudir a otra intérprete, con pasajes más que interesantes en los que como espectadores asistimos al trabajo de preparación con la nueva actriz, a la que reclama un tipo de interpretación en la que ella es la llamada a encontrar  en su interior las razones que mueven la decisión suicida de la protagonista a la que debe dar vida.

De un lado, los temores, el pánico que despierta en Nora su trabajo de actriz y las salidas al escenario, acrecidas por la fragilidad emocional de una mujer que no logra zafarse de  traumas familiares de su infancia, que siente arruinaron su existencia. De otro, Gustav Borg, un director que sabe que el tiempo ha pasado y que junto a su viejo productor sienten que el mundo en que una vez triunfaron ya no existe más y que la hora del adiós es inminente.

Digamos que Valor sentimental de alguna manera es cine dentro del cine, ya que muestra lo que sucede con un director que gestiona la realización de una película. Solo que  su proyecto se apoya en un incidente familiar trágico, el que quiere rodar en la casa en que efectivamente sucedió y con la participación de su hija, lo que trae de regreso heridas que nunca cicatrizaron.

“El pasado nunca muere. Ni siquiera es pasado”, escribió el novelista norteamericano William Faulkner. De eso trata este sensible filme de Joachim Trier, un realizador cuyos personajes se mueven siempre en el universo inestable y precario de los sentimientos, los que transmite con pulso fino y contando con la colaboración de espléndidos grupos de actores,  encabezados en esta oportunidad por el veterano Stellan Skarsgard, cuyo largo recorrido seguramente le facilitó el estar a gusto con su personaje de un director de cine y con Renate Reinsve, la inolvidable protagonista de una película anterior del noruego La peor persona del mundo, así como con Inga Ibsdotter Lilleas, una actriz en un más que brillante papel secundario  y que deja ver que está lista para encabezar un próximo reparto.

 

  

 

 

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